viernes 20 de enero de 2012

La metáfora fácil.



Recuerdo una discusión de hace unos meses, con un chico que hablaba del sistema, de ésta realidad en metáfora del tren, en donde todos vamos encaminados en lo que para él era la nada, catástrofe. Él había decidido saltar del tren. Se fue. Otros, abogábamos con entusiasmo por quedarnos en él, destornillar lo que pudiéramos, intentar cambiar el rumbo, pararlo, invitar al resto de los pasajeros antes de abandonarlos. Hoy me veo avanzando cada vez hacia afuera, con pata de perro de quien no puede habitar ni aquí ni allá, en ninguna estación. He perdido mi boleto, y me niego a buscarlo en mi bolsillo. Con algunos tornillos en la mano, con la ventana ya abierta... ¿saltaré? O me quedaré sentada viendo pasar lo que he dejado de intentar (?). http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/guarda.htm

viernes 30 de diciembre de 2011

2011-2012.

El final del 2011 lo vivo con varios kilos encima.
Kilos de situaciones, de luchas, de ilusiones, de angustias, de sueños.
No de dolor trágico, sólo porque he sido afortunada. El 2012 anuncia lo mismo que el 2010 revolucionario; ahora creo que el final no existe.
Los nuevos comienzos se dibujan como bocetos de un deseo que se niegan a reprimirse. La historia escrita es una cosa, la historia de vida es otra.
Mi año lo viví en esperanza ridícula por defender lo más básico de la vida, para leer a diario que lo más obvio de la vida ajena nos es indiferente. De vivir que el dolor y la muerte se separan al entrar a la puerta, comencé por rendirme.
Con todo y la tristeza de entender lo que otros sufren, aunque desconocen, es gracias a ser regia contemporánea que comienzo un año sabiendo que nada es lo que es, sin significarlo. La muerte de un año sangriento y corrupto no me dice nada ni trágico ni esperanzador, sino gándhico.
La vida es lo que vivimos, y lo que vivimos no tiene cara de ningún político, ni título de ningún artículo, sino la experiencia subjetiva que se vive, comparte, y desvanece entre el resto de las experiencias.
Mi deseo del 2012 es seguir viviendo, ontológicamente, nuestras experiencias.
Cuales sean.

domingo 2 de octubre de 2011

Adolescente vida.

Y continúo mi paseo pensando en La Vida; así, con mayúsculas.
Quisiera definir fácilmente la diferencia entre el existencialismo y la ontología para no perderme, pero después de meditarlo un rato, no me importa parecer adolescente en mis reflexiones.
La adolescencia es la etapa de cambios. Cambios en el cuerpo que aceleran la construcción de la personalidad. Que ambos, a su vez, abren la puerta a las interrogantes del Ser, Yo (y el otro) en el mundo, en esta vida. (¿Por qué aquí y no allá, por qué ésta vida y no otra?)
Y entramos en duelo.
Tantos cambios que no entendemos, tantas dudas no resueltas nos acosan y nos pesan.
"La duda: origen de toda noción" ¿Desde hace cuánto hemos tenido nuestro duelo paralizado imposibilitados en generar nuevas nociones?.
Sólo tengo veinte años, y ya sentía vivir en una ciudad con una realidad momificada. Que no aceptaba cambios, donde la duda no cabía. Pero estos días he visto venir un cambio esperanzador.

Los cuerpos caídos vuelven a la tierra como semillas que nutren una nueva vida. Eso somos, somos cuerpos que se componen y descomponen para seguir generando. Pero el humano se ha atrevido a más, a despertar en consciencia sobre sí, y dejar de ser sólo cuerpo para empezar esta nueva dualidad: cuerpo y alma.
Vida y consciencia sobre la vida misma.
La adolescencia como una construcción perpetua de quiénes somos, en dónde estamos, ¿hacia dónde vamos? Quizás. Quizá ni siquiera hiciera falta hablar desde la idea, sino desde lo asible.
¿Nos gusta quiénes somos?, ¿Sobre qué cosas no nos hemos atrevido a dudar?, ¿Podríamos tener algo distinto? "Las cosas son así" ya no basta como respuesta, tampoco como actitud.
Y entonces soltándonos el cabello nos mudamos, o nos quedamos. Usamos la bici o caminamos. Salimos a la plaza, nos convertimos en ciudadanos. Decidimos si votamos, si compramos, si amamos, o si no, y a quién.
Nuestra libertad está al alcance de reconocer nuestras limitaciones, y de cambiarlas.

Viva México.

Escucho un llamado a la patria constante, que lejos de acercarme, me entristece.
Responder con los pulmones inflados al ¡Viva México! Me parecía un mal chiste.
¡¿Viva!? ¿qué vive? ¿Quién inventó esta gracia? ¿Cuántos compran éste slogan? Me incomodaba incluso escuchar éste grito para unir las masas en medio del caos de la ciudad.
Hace una semana me mudé de casa.
Mientras el avión volaba pensé en las causas que me enamoran y de pronto comprendí.
Es una canción de Amor a la Tierra.
Esa tierra que defendieron los ancestros con su sangre,
ésta tierra codiciada por los conquistadores,
ésta tierra que se esconde bajo el concreto de mi ciudad caliente y nuestros pasos indiferentes.
Es la tierra que vive y da vida, en la que crecen los altos sabinos, en la que corren los últimos ríos.
Es la tierra que defiendo con muchos valientes en el intento de salvar La Pastora de un ecocidio cervecero.
¡Viva México! Cobra sentido. El clamor por mantener viva la Tierra de la que venimos, y a la cual eventualmente todos regresamos.
México mi país no es un abstracto, sólo basta desnudar los pies para palparlo. Buscar los últimos rincones donde la Tierra aún vive en su verde esplendor para abrazarlo.
Monterrey pide un alto a las muertes, no quiere más sangre derramada en el asfalto,
y ahora yo lo entiendo en lo más básico:
Que viva México es defender los bosques y nuestros cerros, respetar nuestr@s herman@s y Vivir nuestra historia, ¡Hagamos Vivir a México, dejemos vivir nuestra Tierra!

domingo 5 de junio de 2011

agentes de cambio.


Cuando era niña me parecía obvio preferir el mundo de la fantasía ante la frígida realidad. "¿Por qué habría de gustarme más la realidad?, decía, si es en la fantasía donde todo pasa, donde todo puede ser posible, y basta sólo que así lo quieras".

Así pasé la infancia fantaseando en mi autismo.


Así me dejé crecer, casi invicta de los sueños de éxito y status que te venden en los supermercados, en los bancos, en las universidades, en las loterías, en las novelas y los comerciales. Todos esos a mi me pasaron de largo, yo conservaba mis propios sueños ridículos, caricaturezcos, infantiloides... soñaba despierta, los aterosaba como semillitas prometiendo germinar. Mi idea era la ceguera mental, cerrar los ojos y entrarle a la magia de lo que no se ve.


Hoy debo decir que aquella idea de niña me sigue toqueteando el oído.

Si algo ha cambiado, es que ahora es la fantasía el motor y combustible para que todo pase, para que todo pueda ser posible, para que la magia suceda, pero esta vez en el mundo real. Mágico y palpable.

Y sí, sólo sigue bastando que así lo queramos.


Mis fantasías dejaron de ser secretas, dejaron de ser de aire,

las compartimos, las trabajamos, las alcanzamos.


Ahora las llamo Agentes de Cambio.



viernes 4 de marzo de 2011

Releo y compruebo, contenta,
que la persona que lee no es la misma que escribió,
hace ya tantos días.
Nos pienso en espirales
ciclos, círculos, vicios
que ascienden o bajan.
No estáticos, ¡se mueven!

Hoy he ascendido.


miércoles 26 de enero de 2011

DUH regiomontano.

"...eso de secuestrar lo hacen los nacos muertos de hambre
cuyos padres son igual
y tú no tienes nada de eso,
eres un niño de familia y estudioso."



Hace unos días me enteré por medio de viejas amistades, de una "victoria" desafortunada más de las ya bastantes que suceden en nuestra ciudad: una banda de secuestradores había sido fracturada y arraigada.

Poca cosa.

Lo que más conmocionó en los medios (el extra necesario, por lo cotidiano que ésta noticia se ha vuelto) fue el perfil de identidad de 2 de los integrantes, uno de ellos estudiante de Medicina de la UANL y otro, hasta ése momento aún prófugo, estudiante de Leyes en la UdeM.
Lo más impactante en ése momento, para mi, fue el hecho de haber compartido con ellos un aula en años de preparatoria. Ese detalle quedó tan rebasado por lo que vine a descubrir días posteriores, al percatarme de que uno de ellos aún existía en el mundo Facebook, y yo era acreedora a visitar su perfil.

Héme ahí, como voyeur cualquiera, es cuando me encuentro con esto.


Escuchamos día con día a Maria Julia o al querido "arqui", aplaudimos en las calles al heróico cuerpo militar y exigimos todos vestidos de blanco y con velitas en el piso un enorme "YA BASTA". Unos consideramos las llamadas anónimas, mientras otros tememos tanto vernos involucrados de cualquier forma en éste cáncer de plomo que nos explotó en la cara hace un año ya. De cualquier manera que sea, pocos son los aún exentos de que a sí mismo, a su hermano, a su primo, o al amigo del amigo les haya sucedido algo, secuestro o intento de, exprés, extorción, whatever.

Y todos nos creemos hartos, todos concordamos en que esto debería cambiar, no nos es indiferente, nos ha marcado como individuos o como sociedad, ¿no es así?

Pues no. Me sorprende al cólera encontrar perpetuado el mismo pensamiento clasista que orgullosamente nos caracteriza a los regiomontanos. Estamos dispuestos a gritar ¡Pena de Muerte!, siempre y cuando nos presenten, en la tele, como enemigo la otredad. Nunca nosotros. Para el regio, ha sido dificilísimo, hasta ahora un fracaso reconocerse parte del problema que sufre. Deben ser los otros, los que vienen del sur, o los que van al norte. O los que no trabajan (el peor de los insultos en regiolandia). La culpa es de los gringos, y los tamaulipecos.
Pero cuando de pronto nos alcanzan un espejo y nos dicen "he aquí, tu realidad"
Algo no nos hace click.
¿Cómo, siendo un hijo de familia -bien-?
¿Cómo habiendo estado siempre en colegios?
¿Cómo, si quería ser médico?
¿Cómo si era atleta, fuerte, sano?
¿Cómo es posible, si hasta sacaba buenas notas?

Pues no, ni así. Hay algo más que no estamos viendo, y a lo que le cerramos los ojos frente al espejo que nos dice "sí, tú, regio bronceado de ojos claros, niño San Pa, tú niña bien, ustedes católicos, gente trabajadora, los sultanos del norte, ustedes TAMBIÉN son secuestradores, ustedes TAMBIÉN son asesinos, ustedes TAMBIÉN".

Nos cuesta un trabajo enorme redefinir estos conceptos, éstos escenarios. Estamos tan casados con hollywood y los estereotipos que no nos cuadra comprender al criminal, al asaltante, al sicario, o al vecino como personas. Personas igual que tod@s, con familia, amigos, historia, valores, ambiciones, sueños y algún color en los ojos. No se puede.
Pensamos que si ha robado, o matado, es un monstruo sin padres que seguramente llegó de Marte. Nada que tenga que ver con nosotr@s. Y si no es un malentendido, seguramente fueron las malas amistades. O quizá tuvo un fuerte motivo.

¿No vemos que hay algo aquí que no funciona? ¿No nos planteamos, ni por un segundo, que quizá los precios a lo que parece una vida digna son muy altos? ¿No podemos reflexionar por un segundo más quizá a qué le estamos dando valor, en lo concreto? No slogans cursis para que compremos flores El Día de Madres, sino lo que está detrás, precisamente de eso. ¿No somos nosotros también, víctimas pero victimarios en la codicia, en la ambición, en el brutal abuso de poder, en la corrupción, en la violencia? ¿No somos nosotros los primeros en esclavizar, en secuestrar los derechos de quien nos lava la ropa?

Pero si somos nosotros y nosotras, entonces ya no importa, ya no necesitamos penas de muerte ni castigos,
perdonamos, acudimos al amor fraternal, filial, lo que sea que se necesite para justificarnos. Debieron ser los otros. La mala influencia...
Porque no importa qué se haga o qué no se haga,
mientras preservemos ante todo el orgullo por ser quienes somos, como seamos,
no habrá necesidad de cambiar.
Ni esperanza tampoco.